#18 Llamar a alguien para pedir ayuda

No nos engañemos, hay que ser muy valiente para llamar a alguien para pedir ayuda. Mostrarse vulnerable y reconocer que no podemos hacerlo solos es todo lo contrario a ser débil.

Si miras los logros de grandes personas, todos ellos se apoyaron en un momento u otro en personas que sabían podían ayudarles y darles los consejos que ellos necesitaban oír.

Por eso, cuando alguien me escribe y me dice que quiere contarme algo, lo primero que valoro es su valentía de dar el paso. He estado en esa situación y sé lo difícil que es. Pero también sé que es el comienzo de algo más grande.

Cuando te apoyas en otros, dejas que muestren sus virtudes. Una vez alguien me dijo que es egoísta intentar hacer todo por uno mismo, porque no dejamos que la gente que nos rodea, que nos puede entender y guiar, exprese ese talento natural que tiene.

Arnold Schwarzenegger, en el prólogo de «Armas de Titanes», de Tim Ferriss, dice lo siguiente:

No soy un hombre hecho a sí mismo. Tuve mucha ayuda. Es cierto que crecí en Austria sin tener agua corriente. Es cierto que emigré a Estados Unidos solo con una bolsa de gimnasio. También lo es que trabajé como albañil y que invertí en el sector inmobiliario antes de agitar mi espada en «Conan, el Bárbaro».

Pero no es cierto que me haya hecho a mí mismo. Para llegar donde he llegado, fui a hombros de gigantes.

Mi vida se ha construido sobre unos cimientos de progenitores, entrenadores y profesores; de almas amables que me dejaron sofás o cuartos en gimnasios donde pude dormir; de mentores que compartieron su sabiduría y consejos; de ídolos que me motivaron desde las páginas de revistas.

Llamar a alguien para pedir ayuda te empujará al siguiente nivel

Si en el futuro te enfrentas a una situación que no sepas cómo afrontar, piensa lo siguiente. Tienes una estructura de soporte, gente que está dispuesta a tender una mano cuando lo necesites. ¿Quiénes son? ¿Amigos? ¿Familiares? ¿Compañeros de trabajo?

Escribe una lista de aquellas personas con las que puedes contar y qué te aportarán. Cómo pueden inspirarte. Cuando dejas que entre la ayuda en tu vida, creces. Si te muestras vulnerable, también serás más cercano. Atraerás nuevas cosas en tu vida.

Una de las cosas a las que más miedo he tenido en los últimos años fue a coger el micrófono y empezar a hablar de todo lo que había sufrido. Hasta que un día, mi necesidad de compartirlo fue más fuerte que el miedo a ser juzgado o no comprendido. Rodeado de mujeres, lo cual me atemorizaba más, entré en la sala de la conferencia decidido a hablar.

Cuando llegó el turno de exponer qué aprendizajes estábamos teniendo, me levanté raudo para ponerme en la cola y asegurar que podría intervenir. No tenía claro qué quería decir. Pero estando ahí, me forzaba a hablar.

Uno a uno, fueron hablando las personas, mientras yo temblaba viendo cómo cada vez quedaba menos para mi momento. Cuando llegó, empecé a contar cómo me había sentido esos días. Con esas ganas de compartir aprendizajes pero con el miedo a ser juzgado. Agradecí a todas las personas con las que interactué esos días de seminario. Y confesé que, para mí, hablar de emociones, de sentimientos, era algo muy difícil. Y que estar haciéndolo ahí, delante de tantas personas (había unas 150) era un ejercicio brutal.

¿El resultado? Muchísima gente se acercó después a apoyarme. A decirme que había sido valiente. A compartir sus vivencias. Es algo que agradezco mucho haber hecho.

¿Quieres leer más agradecimientos?

Desde el 1 de Enero, estoy agradeciendo cosas que tengo en mi vida. El motivo es frenar un poco esa parte de mí que siempre quiere más. Esa parte que solo piensa en el futuro. Pararme cada vez que escribo para reconocer las cosas que ya tengo.

Tony Robbins o Jay Shetty dicen que no se puede tener ansiedad o miedo mientras agradeces. Quiero comprobarlo por mí mismo y, por eso, empecé esta práctica.

Si quieres leer agradecimientos pasados, los puedes encontrar aquí.

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