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La historia de Medio Hombre y la Perseverancia (Parte 1)

La perseverancia es una de las cualidades menos comunes y siempre presente en todos los personajes que, de alguna manera u otra, han conseguido figurar en los libros de historia. No es ajeno a ella Blas de Lezo.

Mucho se han narrado sus victorias, sobre todo en los últimos tiempos. En este post, quiero darle un enfoque distinto para analizar mejor a la persona y su manera de pensar y actuar. Pero antes de poder desarrollar la perseverancia, una persona tiene que conocer y aprender otras disciplinas.

La perseverancia

La importancia de la percepción

Ryan Holiday tiene un espectacular libro llamado “El obstáculo es el camino” en el que analiza las tres disciplinas que toda persona debería dominar si aspira a ser la mejor versión de sí mismo. La primera de ellas es la disciplina de la percepción.

La percepción es la historia que uno se cuenta a sí mismo sobre un hecho objetivo concreto. ¿A qué me refiero? Una situación, siempre tiene dos puntos de vista. Lo que es, que es innegable y sería visto por todo el mundo de la misma manera. Por ejemplo, el tráfico cuando entras en el centro de tu ciudad. Si una persona lo observa de fuera, ve que hay tráfico. La persona que está en el coche una hora intentando llegar a su casa, califica esta situación de igual forma. Ahora bien, la transeúnte que no está inmerso en la cola de coches, puede opinar que es un caos, pero no le afecta lo más mínimo. Mientras que el conductor puede estar atacado de los nervios. Esa es la parte subjetiva del hecho y está totalmente creada en nuestra mente.

Controlar las emociones

Sirva este pequeño ejemplo para ilustrar la primera de las virtudes de Blas de Lezo y es la de dominar su mente para ser capaz de alterar su percepción y dominar sus impulsos. Cuando tenía solo 15 años, participó en la batalla de Vélez-Málaga. Al poco de comenzar la contienda, tuvo la mala fortuna de recibir un impacto de bala de cañón en su pierna izquierda.

Las crónicas de la época narran que se le amputó la pierna por debajo de la rodilla, sin anestesia, y que el joven guardiamarina ni se quejó durante la operación. Una de las cualidades de la disciplina de la percepción es ser capaz de controlar las emociones, y a fe cierta que Blas de Lezo fue capaz, durante toda su vida y empezando a temprana edad. Posteriormente, perdería un ojo en la defensa de Tolón y el antebrazo derecho en otro de los muchos combates navales que libró.

Pasar a la acción

Evidentemente, a Blas de Lezo no le dieron unas buenas cartas con las que jugar a lo largo de su vida. Pero, ¿qué hizo él? ¿Pasó? Ni mucho menos. Decidió jugar con lo que tenía. Y este es la segunda disciplina que menciona Holiday,  y que también nuestro marino, ya convertido en capitán, dominaba: la acción.

Fruto de su actuación en la batalla de Vélez anteriormente mencionada, se le ofreció ser asistente de Cámara de Felipe V, puesto que rechazó. Habría sido la opción fácil, dadas sus circunstancias. Viniendo de familia de marinos, él aspiraba a convertirse en comandante.

Pese a los impedimentos (manco, tuerto, cojo), no permitió en ningún momento que eso le frenase. En 1712, se le nombró ya capitán de navío, gracias a las menciones favorables del Almirante Andrés de Pes. Participó en el asedio a Barcelona, asedio de Mallorca, escolta a barcos mercantes que iban a las Américas y también en el combate de la piratería y el corso en las aguas del Atlántico y el Caribe.

Pasar a la acción

Lanza la ofensiva

Allí fue donde su carrera comienza a ser noticiable y valorada por sus superiores.  Fue nombrado General de la Armada de Su católica Majestad y Jefe de la Escuadra de los Mares del Sur en 1723. Al principio, era una pequeña flota.

Con esa pequeña escuadra, formada por tres navíos, se lanza a patrullar el Pacífico. Pronto se encontrarán con cinco navíos holandeses mejor artillados. Lezo ordena enfilar la proa hacia el enemigo para abordarlo. Éste reacciona organizadamente y frustra su intento. El marino español responde ágilmente ordenando concentrar el fuego contra la mayor embarcación enemiga, el Vlissingen (58 cañones). Tal fue el castigo que consiguió derribarle el palo mayor. Gracias a ello consiguió que se rindiese y puso en fuga al resto de la flota. En otra salida posterior se lanzaría sobre seis navíos de guerra ingleses rindiendo a todos ellos, uniendo tres a su escuadra.

Canaliza la energía

Así, Lezo consiguió formar una armada más que suficiente para proteger las costas peruanas. Sin embargo, el nuevo Virrey, que había tomado posesión de su cargo hacía dos años, la desguazó e intentó colocar en la armada a amigos y familiares. Esto provocó el enfrentamiento con Lezo. En ese momento, podía haber optado por quedarse como estaba, pero inconformista y hombre de acción como era, decidió solicitar su retirada temporal.

“Toda persona puede amoldarse y adaptarse. La mente se amolda y convierte para los propios propósitos el obstáculo a la acción. El impedimento a la acción, promueve la acción. Lo que se interpone en el camino, se convierte en el camino”. Cita Ryan Holiday esta frase atribuida a Marco Aurelio y que aplica a Lezo a la perfección.

Visto que el enfrentamiento con el Virrey tenía mala pinta, volvió a España. Consiguió, tras un tiempo inactivo, que se le nombrase jefe de la escuadra Naval del Mediterráneo. Allí lideró la recuperación de dos millones de pesos que adeudaba Génova, entrando en el puerto de la ciudad con 6 buques. Apuntó al palacio ducal y amenazó con disparar si, pasadas 24 horas, no había recibido el dinero. Lo recibió y entrego a quien era debido.

También comandó la flota que socorrió a la ciudad de Orán. Pese al acoso de nueve galeras argelinas, fue capaz de abastecer a la guarnición y lograr que las galeras se retirasen. No contento con ello, decidió perseguirlas. Localizó a la nave capitana, que rauda navegó buscando refugio en la bahía de Mostagán. Pero Lezo no se arredró. Entró en la bahía tras la nave argelina despreciando el fuego de los fuertes. Logró poner en fuga una galeaza que surgió inesperadamente para auxiliar a la galera. Abordó ésta, la incendió y, a continuación, destruyó los castillos.

Descubre la perseverancia de Medio Hombre

Parece de película la historia de Blas de Lezo y las enseñanzas estoicas que transmite, ¿no? Pues la semana que viene conocerás el final, todavía más sorprendente y didáctico. Con perseverancia, se pueden conseguir grandes cosas, aún en circunstancias muy desfavorables.