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Crea hábitos para toda la vida

Todos hemos intentado conseguir hábitos nuevos, que sean saludables, por ejemplo, con la intención de incorporarlo a nuestra rutina y que se convierta en una identidad con la que nos identificamos. ¿Por qué cuesta tanto hacerlos sostenibles?

Los que me seguís desde hace tiempo o me conocéis, sabéis todo lo que he cambiado desde hace cinco o seis años. No comer gluten, luego no comer azúcar. Dejar los lácteos. Meditar a diario. Escribir páginas matutinas. Leer más. Hacer ayunos intermitentes. Ser más productivo en mi empresa. Todos esos hábitos que he conseguido incorporar en mi vida los he logrado gracias a estos cuatro sencillos pasos.

¿Cómo creo nuevos hábitos?

Siempre que intento incluir nuevos hábitos en mi vida, sigo este planteamiento:

Nuevos hábitos: empieza por poco

Empezar por poco

¿Verdad que si piensas en hacer ejercicio durante una hora cuando llevas años sin entrenar lo ves un mundo? ¿Qué me dices de sentarte tú solo a meditar 30 minutos cada día? ¡Es muy difícil que cualquiera de esas dos cosas suceda, de buenas a primeras!

Por eso, la mejor manera de conseguir repetir hábitos hasta que se conviertan en parte de nosotros es empezar por algo tan pequeño que no puedas decir que no lo vas a hacer.

  • Si quieres hacer ejercicio, empieza por una rutina de 15 minutos 1 día a la semana.
  • ¿Te gustaría meditar? Prueba cinco minutos al día.
  • Si te gustaría comer mejor, empieza cambiando un par de desayunos.

Lo más complicado suele ser empezar. Por eso, cuanto más fácil te lo pongas, menos excusas encontrarás y menos te costará. Una vez has empezado, la sensación de estar intentándolo te empujará a avanzar.

Aumentar poco a poco

Un error muy normal cuando estamos empezando es querer saltar de un poquito a mucho, sin haber asentado los hábitos. Si haces eso, es muy probable que empieces a fallar, porque todavía no has podido incorporar esa rutina del todo y mentalmente no estás acostumbrado a ella. Tu fuerza de voluntad y motivación todavía no son lo suficientemente fuertes.

Además, tendemos a despreciar las ganancias graduales, cuando en realidad aumentar poco a poco, cada día o cada semana, nos puede llevar a un nivel muy superior en el plazo de un solo año. Piénsalo de esta manera: una ganancia de un 1% diario a lo largo de 70 días, supone ser el doble de bueno. En un año, ¡37 veces!

Si fallas, recupérate rápido

Si fallas, recupérate rápido

Este es quizá el punto más importante para mí. Siempre va a haber ocasiones en las que las exigencias del día a día impidan que puedas realizar el hábito. Los imprevistos suceden.

Es clave, por eso, retomar nuestros hábitos recién establecidos tan pronto como sea posible. Si estás empezando a ir al gimnasio y fallas un día, haz lo imposible por ir al siguiente.

Mentalmente, un día perdido no supone nada, pero cuando acumulas dos o tres, tu mente empieza a olvidarse de los hábitos y deja de reconocerlos como algo rutinario. Igual que a lo largo del tiempo la acumulación de mejoras da unos resultados espectaculares, si empiezas a acumular una pérdida de los hábitos, pronto perderás todo lo ganado.

Sé paciente y adhiérete a un ritmo que puedas sostener

Del mismo modo que empezar por algo muy grande o intentar incrementar en gran medida no ayudan a conseguir buenos hábitos, no tener paciencia puede suponer una barrera a nuestra mejora.

Las ganancias se consiguen día a día, semana a semana. Puedes estar seguro que, si dejas pasar el suficiente tiempo y sigues mejorando, los resultados llegarán. Cuanto más tiempo pase, más y mejores serán.

Yo suelo obsesionarme mucho con el resultado final y con conseguirlo ya. Pero así no es como funcionan las cosas. Antes de ver resultados, hay que dedicar unas horas a entrenar, leer, lo que sea. Quererlo lograr ya nos sitúa en un plano de impaciencia y frustración por todavía no haber llegado donde aspiramos que puede hacer que fallemos en nuestra rutina.

Por eso, es mejor ir poco a poco, saber que, mientras sigamos siendo fieles a nuestra rutina, los hábitos se están creando y que, antes que nos demos cuenta, estaremos donde queríamos y pensando en qué nuevos hábitos incorporar o cómo aumentar los que ya forman parte de nuestro día a día.

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¿Actúas como piensas?

Todos tenemos unas determinadas creencias sobre cómo deberíamos ser o qué comportamiento tener. Las adquirimos por la educación recibida por nuestros padres, por lo que hemos vivido, lo que hemos leído. También por las conversaciones que hemos mantenido con profesores y mentores, con nuestros amigos, con nuestros compañeros de trabajo. En definitiva, todos esos inputs que recibimos de terceros, sumados a nuestro propio juicio, modelan la manera en la que nos vemos a nosotros mismos y vemos el mundo.

En consecuencia, decidimos qué tipo de persona queremos ser, qué motivaciones nos mueven y cómo queremos comportarnos. Hasta ahí, nos pasa a todos igual.

Pensamos y decimos cómo queremos ser. Estamos convencidos de ello. Pero eso no se manifiesta en nuestro comportamiento y eso nos produce sufrimiento. Cuanto más alejado esté nuestro comportamiento de nuestro pensamiento, mayor dolor tendremos al hacer cada una de esas acciones que, en el fondo, no queremos hacer. La diferencia en la vida la marca la capacidad que tengamos cada uno para poder imponer cómo queremos ser respecto de las propias decisiones que tomamos y de las influencias externas, también.

Muchas veces, tenemos ideas sobre acciones que queremos hacer, pero nos vemos arrastrados por el entorno a realizarlas. Un ejemplo que me sucede a mí: A veces acabo saliendo y bebiendo con amigos, cuando en realidad preferiría verlos un rato, irme pronto a casa y al día siguiente poder escribir uno de estos posts, por ejemplo, en vez de estar con resaca y desgana. No digo que pase a menudo, pero cuando se da no me siento bien conmigo mismo.

Comportamiento no alineado

Mi propio ejemplo

Esto sucede porque en estas situaciones las necesidades que quiero satisfacer priman más que lo que pienso que debería hacer. Y así, como decía en este post, cuando satisfaces más de tres necesidades con un comportamiento, es imposible que te apartes de él. Para lograrlo, necesitas encontrar alternativas saludables que satisfagan esa misma necesidad. Aunque eso es tema de otro post, es importante tenerlo presente.

No hay mejor frase que resuma esa desalineación a la que me refería que ésta de Ghandi.

La felicidad se consigue cuando lo que piensas, lo que dices y lo que haces están en armonía.

Un ejemplo positivo. Cuando, como sucede normalmente, paso semanas en las que rindo en el trabajo, medito a diario, me alimento de manera correcta, hago ejercicio, ayudo a otros a llevar una mejor vida, estoy totalmente alineado. Todo lo que hago esos días está en armonía con lo que pienso que quiero ser y con lo que digo que quiero ser. Y esas semanas me siento imparable.

Notar esa alineación es una fuerza que te lleva a explorar tus límites y empujarlos cada día un poco más. Consigues un crecimiento mayor, te sientes más lleno y eso se transmite a los que te rodean.

Me siento imparable

Reflexiona cómo quieres ser

Para poder lograr esa armonía, primero, obviamente, tienes que conocerte a ti mismo. Hoy vivimos en una sociedad tan fugaz, tan efímera, tan pendiente del contacto superficial, que pocos se plantean quiénes y cómo quieren ser. Es necesario ese ejercicio de reflexión primero. No de manera somera, sino dedicando tiempo de verdad a explorar qué cosas nos han hecho felices en el pasado y hemos dejado de hacer. Recapacitar sobre la contribución que queremos aportar al mundo.

Evalúa tu comportamiento

Solo con esa reflexión profunda, podremos empezar a evaluar nuestro comportamiento y ver si es como pensamos que debería ser o si se aleja de lo que pretendemos. Si estuviese muy alineado, probablemente no estés leyendo este post, así que voy a suponer que no lo está. O al menos, no del todo.

¿Cómo cambias y mejoras esa armonía? Has de ver qué comportamientos son los que se alejan de cómo querrías ser y analizar por qué los haces. En el caso mío que mencionaba antes, salir con amigos y beber rellena las necesidades de variedad, conexión y significado. Si quiero cambiar ese comportamiento, tengo que buscar alternativas que colmen esas mismas necesidades. Por ejemplo, puedo empezar un nuevo negocio o lanzar nuevos productos. Eso añade variedad a mi vida. O puedo empezar un podcast que se convierta en uno de los más seguidos de España y eso puede darme significado.

¿Qué comportamientos tienes que no estén alineados con cómo te gustaría ser? ¿Qué ideas se te ocurren para cambiarlos y sentirte más satisfecho contigo mismo?

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¿Por qué actúas como actúas?

¿Cuántas veces te has preguntado por qué no fuiste capaz de impedirlo? ¿Cuántas qué necesidad tenías de hacer esa cosa X, con las consecuencias negativas que luego implicó? O, al contrario, ¿qué fue lo que te motivó a dar el 100% y conseguir el mayor éxito de tu vida? La clave está en las necesidades humanas.

Si alguien trabaja 18 horas al día, sin descanso, es porque tiene una razón para hacerlo. Si una persona intenta suicidarse, tiene una razón para ello. Cuando alguien engaña a su pareja, también la tiene. No intento aquí justificar ningún comportamiento, sino tratar de explicar por qué actuamos como actuamos, para ser más conscientes todos de las motivaciones detrás de esos actos y poder dirigir nuestro foco hacia alternativas que, en vez de un impacto negativo o neutro sobre nosotros o los que nos rodean, tengan un impacto positivo.

Tony Robbins, coach de Barack Obama u Oprah Winfrey entre otros, y orador motivacional, vio que había unos patrones que guiaban las actuaciones de las personas. Una vez que conoces esos patrones que guían tu vida, puedes saber cómo enfocarlos a acciones que te reporten más felicidad en vez de sumirte en más caos.

Todos tenemos los mismos patrones, pero no los valoramos igual. Y es en esa valoración donde está la clave de por qué actuamos así. Tan importantes son estas motivaciones que la gente deja de lado sus metas y sueños solo por satisfacer sus necesidades. Incluso puede dejar de lado sus valores, por satisfacer esas necesidades.

Si cualquier comportamiento, bueno o malo, satisface tres de esas necesidades, te volverás adicto a él. No importa cuánto te perjudique, seguirás cayendo en esa manera de proceder, hasta que no encuentres alternativas que consigan satisfacer esas mismas necesidades.

Las seis necesidades humanas son:

  1. Seguridad
  2. Variedad
  3. Importancia
  4. Amor y conexión
  5. Crecimiento
  6. Contribución

Seguridad

La primera necesidad humana es la necesidad de seguridad. Necesitamos sentirnos que controlamos nuestras vidas y lo que viene después para sentirnos seguros. La necesidad de comodidad básica, de evitar el dolor y el estrés y también de crear placer. Afecta a los riesgos que estamos dispuestos a tomar en nuestra vida (en nuestro trabajo, nuestras inversiones o en nuestras relaciones).

Cuanto más alta sea tu necesidad de seguridad, menos riesgos estarás dispuesto a correr. Puedes buscar seguridad siguiendo un determinado ritual cada mañana. O puedes buscar seguridad en tu pareja. La gente que valora la seguridad por encima de cualquier otra necesidad, se vuelve loca cuando algo cambia, por ejemplo.

Necesidades humanas

Variedad

Ya lo dice el refrán, “la variedad es la salsa de la vida”. ¿Qué pensarías si, de antemano, sabes con certeza todo lo que te va a suceder en el futuro? ¡Qué aburrimiento! Es por eso que necesitamos en nuestras vidas algo de variedad.

Como dice Tony en uno de sus programas de mentoría, déjame que te pregunte una cosa: ¿Te gustan las sorpresas? Si has contestado que sí, ¡te estás engañando! Te gustan las sorpresas que quieres. Las que no quieres, las llamas problemas. Aun así, los problemas también son necesarios para poner algo de fuerza en tu vida. No puedes crecer personalmente si no te enfrentas a esos problemas.

¿Cómo consigues variedad? Aprendiendo algo nuevo. Teniendo una conversación profunda con un amigo. Estableciendo una nueva meta. Pero también puedes conseguir variedad de maneras negativas: emborracharte hasta perder el control, tener una aventura. La cuestión clave es descubrir cómo son tus maneras de conseguir variedad (negativas, neutrales o positivas) y sustituir aquellas que no te dan los resultados que querrías por nuevas que te permitan crecer. Esto es especialmente importante es alguien cuya primera necesidad humana es la variedad. Son personas que, caminando en la mala dirección, pueden caer profundo, pero dirigidos en la buena, pueden alcanzar lo que se propongan.

Importancia

La necesidad de sentirse importante, único, es algo que todos tenemos en un momento dado. A nadie nos gusta la sensación de pasar por la vida sin haber dejado una mínima huella, aunque sea en nuestros seres queridos.

¿Cómo se consigue esa relevancia? Puede ser convirtiéndote en alguien rico. O en alguien con muchas carreras universitarias o muchos idiomas. Puedes ser relevante en redes sociales. Gastar mucho dinero en cosas que realmente no necesitas puede ser una manera de dar significado a tu vida. O conseguir comprar gangas por internet.

Amor y conexión

El amor mueve la vida. Es lo que más necesitamos y queremos. Hay estudios que demuestran que la gente que se siente conectada y querida en una comunidad (sea su familia, sea la iglesia, la que sea) vive más quela gente solitaria. De hecho, la gente que se siente totalmente sola tiene peor salud que un fumador habitual.

Cuando sientes amor, te sientes invencible. Pero si pierdes ese amor, sientes un dolor tan grande que muchas veces buscas conexión con gente, que son las migajas del amor. Puedes sentir completa esa necesidad de amor o conexión mediante la intimidad con otra persona, con un amigo, rezando, andando por la naturaleza. Y, si nada funciona, ¡siempre puedes comprar un perro!

Estas cuatro necesidades son las que Tony denomina necesidades dela personalidad. Todos encontramos maneras de cumplirlas, trabajando más, buscando problemas y compartiéndolos, racionalizando lo que nos pasa. Pero las dos necesidades que faltan son necesidades del espíritu. Son más raras, no todos las cumplimos. Pero cuando las conseguimos satisfacer, llegamos a un estado de realización personal superior.

Crecimiento

Si no estás creciendo, te estás muriendo. Si una relación no crece, si tu empresa no crece, si tú no creces, da igual cuánto dinero tengas en el banco, cuántos amigos tengas, cuánta gente te quiera, que no experimentas una sensación de realización personal.

Contribución

Aunque pueda sonar extraño, el secreto de la vida es dar a otros. Vivimos en una sociedad muy egoísta, que rara vez encuentra tiempo para dedicarlo a otraspersonas. Pero cuando experimentas con ello, te das cuenta que esa sensación de pertenencia, de ayuda a los demás, te lleva a un estado emocional superior. Además, cuando contribuyes a una causa, por pequeña que sea, retroalimentas algunas de las necesidades anteriores, como la necesidad de conexión y amor, o la de diversidad, por hacer algo distinto a lo que habitualmente estás acostumbrado.

El significado dela vida no está en lo que consigues, sino en lo que das.

Espero que, gracias a conocer estas necesidades humanas, en vez de juzgar los comportamientos de la gente, veas los intentos de cumplir sus necesidades. Y cuando la gente hace cosas estúpidas, entiendas que solo lo hacen porque están desesperados por rellenar esas necesidades no cumplidas. Como ahora ya conoces las 6 necesidades básicas, puedes ser más compasivo y empático. Y es una herramienta que puede servirte desde ya para dirigir tu vida de una mejor manera. ¡Ojalá yo la hubiese conocido a tiempo!

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La muerte como herramienta

Elizabeth Kubler-Ross, una escritora, profesora y conferenciante, fue una de las mayores expertas mundiales en la muerte y las personas moribundas.

Habiendo tratado con miles de enfermos terminales, contaba que uno de los hechos comunes a todos ellos era que, cuando se les cuestionaba sobre si se arrepentían de algo de lo que habían hecho en su vida, muy pocos contestaban que sí. Sin embargo, la mayoría se arrepentía de cosas que no había llegado a hacer y que le hubiera gustado.

Emprender un negocio, haberse declarado a una persona, haber solucionado la relación con un hijo… La lista de arrepentimientos era larga y casi siempre tenía que ver con temas que no habían cerrado esas personas antes de morir.

Muerte

Reflexiones sobre la muerte

Durante mucho tiempo he leído y reflexionado sobre la muerte y la importancia de tenerla presente en la vida diaria. Es la manera más poderosa que conozco de quitarle peso a las cosas que te suceden y de perder el miedo a las opiniones de los demás o a pasar a la acción. Muy pocas cosas que nos pueden preocupar en nuestro día a día siguen siendo de verdad importantes cuando se les pasa el filtro de la muerte por encima.

Frente a cualquier adversidad, intenta pensar, “¿si solo te quedase una semana de vida, estarías dándole vueltas a ese tema, dejando que inundase de preocupación tu cerebro?” La respuesta, en casi todos los casos, es que no. Que harías una lista de las cosas que quieres hacer en esos días y dejarías poco o nulo espacio para cualquier cosa que no fuera disfrutar de instantes con la gente que amas o decir aquellas cosas que no te atrevías a decir.

Es muy importante que hagáis lo que de verdad os importe… Sólo así podréis bendecir la vida cuando la muerte esté cerca.

Memento mori

Vivir la vida teniendo presente que en cualquier momento una enfermedad o un accidente lo pueden cambiar todo, es la mejor manera que conozco para no preocuparse por cosas que no son importantes, relativizar cualquier bache que puedas tener y nunca dejar de intentar algo que te apetezca hacer.

Tu tiempo en este mundo es limitado. Vivir la vida pensando que nada te va a suceder o que siempre tendrás un momento para dedicarte a aquello que quieres es una equivocación muy grande. Me parece muy ingenuo o poco reflexionado.

Eres joven; pero ¿eso qué importa? No hay un número fijo de años que vivimos. No sabes dónde te espera la muerte; estáte preparado siempre.

Obviamente, recordar que vas a morir en algún momento no tiene que ser algo que te obsesione. Simplemente, debes usarlo como herramienta para recordar que no tienes tiempo que perder, que cada acción que haces debería ser pasada bajo la lupa de lo fugaz de la vida.

Memento mori

Arriésgate

Deberías arriesgarte y trabajar duro mientras estás sano y eres todavía joven. Es un tiempo ideal para experimentar. Aunque hay casos de gente de éxito que empezó a edad avanzada, lo más probable es que las responsabilidades de tu vida muy adulta pesen más que tus ganas de probar cosas nuevas. No esperes el momento perfecto para intentarlo, porque seguramente siempre encuentres una excusa.

Steve Jobs decía que “nadie quiere morir. Ni siquiera aquellos que quieren ir al cielo quieren morir para llegar allí. Y, sin embargo, la muerte es el destino que todos compartimos. Nadie escapa a ella y así debe ser, porque seguramente la muerte sea la mejor invención de la vida. Es el agente de cambio. Limpia lo viejo para dar paso a lo nuevo”. Solo asegúrate que cuando a ti te llegue el tiempo de ser “lo viejo”, no mires atrás y digas… “me arrepiento de no haberlo intentado”.

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Ha habido y hay fracaso en mi vida

Hoy quiero hablarte del fracaso. Muchas veces tengo los posts preparados con antelación. Normalmente, el fin de semana de antes escribo uno o dos posts. Así, tengo tiempo de sobra para acabar de editarlos durante la semana, añadir las imágenes y fotos, y que estén listos para el Jueves.

Este fin de semana, sin embargo, han sido Fallas y, si eres fallero, como yo, son unos días complicados. Mucho evento, poco dormir y nada de tiempo libre. Si encima las resacas han sido compañeras de viaje, todavía peor, pues inicias la semana tocado.

Así que voy a hacer un post improvisado. No es que no haya estado pensando sobre él. Ya ves que lo primero que he dicho es que voy a hablar del fracaso. Eso lo tengo claro. Solo que lo escribo minutos antes de publicarlo, sin saber bien qué saldrá. Espero transmitir bien lo que me ha rondado la cabeza estos días.

Como decía, soy fallero. Llevo más de 15 años perteneciendo a la misma Falla (una especie de Asociación donde todos se juntan cada año para celebrar la fiesta, con su carpa donde se come, cena, bebe y baila). Por tanto, ya son unos años conociendo a toda la gente. Al final, entablas amistades, comentas azares de la vida. Y te sigues en redes sociales. Que es lo que importa para lo que aquí voy a contar.

No dejes que las redes sociales te enmascaren la realidad

He recibido felicitaciones por vender mi empresa, o por mi post sobre el encuentro revelador que “tuve”. Este último, por cierto, creo que es el que más ha gustado, incluido a mí, de todo lo que he escrito. Si no lo has leído, te recomiendo lo hagas. Además de recibir felicitaciones sobre lo que he escrito o sobre lo que cuento que me ha pasado en mi vida, también algunas personas me han dicho lo bonito y divertido que debe de ser dedicarse a lo que uno le apasiona. Incluso, “qué envidia de vida”, me han llegado a decir.

Puedes pensar, si has leído mis últimos posts, que he trabajado muy duro para conseguir lo que he conseguido. Y puede que sólo el pensamiento de esa dificultad te impida a ti avanzar en la dirección correcta. Pero no quiero que mi blog suene como una apología de todo lo que me lo he currado para conseguir lo que he conseguido. No. Porque no lo es.Todo lo contrario. Yo mejor que nadie sé que he tenido más de suerte que de trabajo. Más de estar en el sitio oportuno en el momento oportuno que de echarles horas y horas. Más de saber jugar mis cartas, que de tener múltiples partidas abiertas.

Haz del fracaso tu mejor aliado

No ha sido un camino fácil

Quiero que suene como lo que ha sido. Un camino difícil. Y un camino que sigue siendo difícil. Muchas veces las redes sociales o los blogs pueden engañar. La gente solo quiere transmitir cosas positivas. Y, a veces, está bien, pero los receptores de esos mensajes no podemos caer en la tentación de pensar que eso es lo único que existe. Que nuestro sufrimiento, nuestra desdicha, aunque sean temporales, solo nos pasan a nosotros. Ni mucho menos.

Por mucho que suene así, nada es solo fácil y bonito

Como health coach, uno de los momentos clave en una relación con un cliente es el momento en que éste se abre y cuenta algo que no contaría ni a su mejor amigo. Si he hecho bien mi trabajo, desde una perspectiva de no juzgar a la persona, tener compasión y hacerle ver que todos estamos pasando por algo, siempre llega ese momento. Por eso, me puedo permitir escribir este post en el que contarte que no todo es tan fácil como parece, ni tan bonito. Lo sé por las experiencias de otros, pero también por la mía propia.

Ojo, yo soy el primero que opina que la vida es maravillosa. No va de ser pesimista este post. Va de saber que hay momentos malos también. Momentos en los que no te salen las cosas. A todos nos pasa. Y esos momentos son únicos y dolorosos, sean del tipo que sean. Pero no debes dejar que éstos dominen tu vida.

Antes decía que he tenido suerte y he sabido estar en el momento oportuno. ¿Sabes una cosa que no me voy a negar haber puesto yo de mi parte? Siempre levantarme. ¿Quieres conocer que he considerado yo fracaso a nivel personal?

Cualquier fracaso personal nos marca. Estos son algunos de los míos.

  • No haber sido seleccionado para la Selección Valenciana de Balonmano
  • Repetir curso en el colegio
  • Haber sido rechazado para ir a ESADE
  • Acabar la universidad en 7 años (una carrera de 5 y fácil)
  • No saber durante muchos años a qué dedicar mi vida
  • Haberme costado dejar de fumar
  • No haber hecho carreras a las que me había apuntado, por estar lesionado, por no haber entrenado bien
  • No haber hecho crecer mi empresa lo que debería
  • Costarme controlar mi relación con el alcohol
  • Abandonar mi pasión por la tranquilidad de una empresa más segura
  • Haber iniciado un blog y haberlo abandonado al mes

Pero, ¿sabes también qué? No me importa cuántas veces me haya fallado a mí mismo. Cuántas decepciones me haya llevado. Cuántas veces haya pensado “qué fracaso”. O haya trabajado menos de lo que necesitaba. Llegado tarde a un deadline importe. No entregado un trabajo a tiempo en la universidad. Suspendido asignaturas. Comido mal. Bebido y fumado. Percibido las dudas de otros en mi valía. Notado mis propias dudas sobre si podría acabar tal o cual carrera. Podría seguir. Pero creo que ya lo entiendes.

Siempre hay que levantarse

No importa cuántas veces haya podido caer. Una cosa que, por suerte, está en mi espíritu es que siempre me levanto. Puedo pasar uno, dos, tres días, deprimido o bajo de moral después de haber traicionado lo que quiero ser, pero al cuarto, pienso que ya está bien de compadecerse. Ya está bien de llorar y de lamentarse. El pasado, pasado está y solo nos queda luchar por cambiar el presente y el futuro. Suena a tópico, pero no tengo derecho a estar así.

Esta semana la empecé leyendo un libro del Dr. Gabor Maté sobre adicciones. Si te interesa el tema, en este magnífico podcast de Tim Ferriss tienes más información. El caso es que leyendo el libro, donde se narran historias espeluznantes que la gente vive, relacionadas con las adicciones, me doy cuenta que no puedo ser más afortunado. No sé cómo podría vivir yo una situación así. Por eso mismo, nunca voy a dejar de levantarme con esos pequeños reveses de la vida. Si me dejo vencer por, lo que visto en perspectiva, son nimiedades, ¿cómo voy a soportar cuando lleguen los momentos duros de verdad?

Por eso, cuando leas cualquier cosa que escriba, quiero que no solo te quedes con lo bonito que suena y lo genial que sería tener eso en tu vida. Piensa también que detrás ha habido sufrimiento, ha habido lucha, ha habido incertidumbre. Y, precisamente por eso, es más bello todo, tiene más significado. Piensa, cuándo estés iniciando tu propio camino hasta descubrir tu pasión, cuando sientas que no puedes alcanzar tal o cual meta, que todos pasamos por baches. Levantarse es la diferencia entre los que lo conseguimos y los que dejan que esos baches les hundan.

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Un encuentro revelador

Al estar hablando con él, parece que lo conociera de toda la vida. La chimenea nos calentaba al fondo mientras yo conversaba con ese amable señor de pelo blanco que, al igual que yo, también estaba en el hotel pasando unas divertidas vacaciones. No imaginaba yo que iba a ser también un viaje revelador.

Llegué aquí después de estar unos días en Vancouver, buscando una de las mejores pistas para esquiar de toda América: Whistler. Y la realidad, no solo no me defraudaron sino que superaron todas mis expectativas. Kilómetros y kilómetros de nieve, amabilidad por parte de cualquiera de los empleados y muy buen ambiente por las tardes. Me había tomado un descanso de dos semanas porque necesitaba desconectar después de dos años de trabajo sin descanso. No estar pendiente de nada más que de disfrutar.

un hotel revelador

Había regresado de un gran día de snowboard, con un sol radiante, grabando con mi cámara algunos vídeos para mi baúl de los recuerdos. Había disfrutado como un enano, conocido a un alemán que vivía en Vancouver y subía a esquiar entre semana, cuando no trabajaba. El hotel donde me alojaba era de lo más acogedor, muy rústico, con madera de calidad y un salón-cafetería que, además de contener en su menú algunos entrantes deliciosos y muy sanos, tenía camareros simpáticos y la chimenea que mencionaba al principio. Siempre me han gustado las chimeneas, el calor que desprenden. Pero después de una jornada de ejercicio intenso y de frío, ésta reconfortaba especialmente.

Ahí estaba yo, comiendo tranquilamente unas alitas de pollo (ecológico, por supuesto) y escribiendo mis reflexiones sobre aquel día, cuando el hombre de pelo blanco, con una sonrisa radiante, se acercó a mi mesa y me preguntó si podría sentarse a conversar conmigo. Por supuesto, le respondí. Viajo solo – añadí – y un poco de compañía se agradece, a veces. Asintió, sin borrar esa sonrisa de su rostro, entendiendo perfectamente a qué me refería.

una chimenea acogedora

— Bueno, ¿qué te trae por aquí? — me soltó sin ni siquiera decirme su nombre.

— Pues estoy de vacaciones. He tenido un periodo muy duro y quería desconectar un poco del trabajo y las obligaciones, disfrutar. — le respondí.

— Estás en un lugar idílico para ello y debes de sentirte afortunado por poder permitirte venir aquí — contestó mi nuevo compañero.

— ¿Sí? Bueno… No me lo había planteado. He viajado a muchos sitios y he ido a la nieve en otras ocasiones. Solo quería un lugar alejado donde, a pesar del wifi, no estar pendiente de emails, llamadas, noticias. — repuse.

— Pues no quiero meterme en tu vida. Eres libre de hacer lo que quieras, pero cuando yo empecé a apreciar todos los días desde los pequeños detalles (una puesta de sol, una taza humeante de café recién hecho por mi mujer, una hoja en blanco por escribir) hasta las grandes cosas de mi vida (estar vivo, sano y fuerte, mis hijos, la suerte en los negocios), experimenté un cambio en mi forma de ser, de tratarme a mí mismo y a los demás, que me ha dado mucha más felicidad de la que tuve en mis primeros años de vida laboral. Y eso que siempre me consideré afortunado. Tuve mi primera empresa muy joven, fue un éxito. Encontré a la mujer de mis sueños y sigo compartiendo mi vida con ella. Pero, te repito, desde que empecé a ver la vida con agradecimiento infinito, incluso por aquellas cosas malas que me pasaban, mi vida cambió a mejor. ¿Sabes? Es casi más importante agradecer cuando nos pasan cosas que nos molestan.

El hombre me había dejado sin palabras tras esta retahíla de pensamientos que apenas empezaba a procesar. Dudaba qué decirle.

— ¿Por qué? — Fue lo único que salió por mi boca.

— Porque te hace sentirte más vivo. Porque cuando siempre va todo bien, puedes tener la tentación de dar por sentado que eso va a ser así toda la vida. Y, por desgracia, no es así. La vida es muy bonita si sabes cómo vivirla, pero tiene momentos difíciles. ¿Has tenido alguna experiencia traumática en tu vida? No me contestes, sé que no. Se te nota.

Este hombre ya me estaba empezando a tocar los cojones. ¿Quién se creía para entrometerse en mi vida?

—  No, la verdad es que no. Quizá alguna cosa menor, pero vaya, nada por lo que haya sufrido especialmente. — respondí, pese a que no necesitara esa confirmación.

Se quedó meditando un momento y se instauró un silencio entre ambos. No recuerdo que fuese incómodo, quizá lo fue. Sí que recuerdo que me dejé una nota mental grabada. “Ser más agradecido”, decía.

—  Bueno, chico, no era mi intención amargarte el día. Seguro que has pasado un tiempo estupendo allí arriba en las pistas y acabar así no es lo que deseabas. Cuéntame. ¿A qué te dedicas?

Más animado, por poder desviar la conversación hacia temas más triviales, le conté.

— Pues tengo una empresa de zumos ecológicos aunque la verdad es que no acaba de arrancar. — empecé, aunque tuve la sensación que no me iba a gustar la deriva de este otro tema.

— ¿Ah, sí? ¡Qué interesante! ¿Por qué la creaste? ¿Cómo te va? Yo también soy emprendedor e igual te puedo ayudar. — lo dijo con brillo en sus ojos, al pensar en poder aconsejar a alguien que estaba empezando.

te ofrezco ayuda

— Pues, la verdad, está un poco parada. Verás, entre medias, me surgió otra posibilidad, con gente muy buena, y no me queda mucho tiempo. — contesté, algo avergonzado por poder decepcionar al hombre. — Mi intención era poder fabricar los mejores zumos ecológicos y, gracias a un producto que enamorase a la gente, concienciarles de la importancia de la alimentación para llevar una vida sana y saludable. Mucha gente no le da la importancia que debe a los alimentos que consume y luego se extraña cuando enferma, ¿sabes? No digo que todo sea culpa de lo que se come, influyen muchas cosas, pero me pareció que, a través de la comida, se puede cambiar a mucha gente.

— Mmmmmm… Interesante. Estoy totalmente de acuerdo contigo. Pero no entiendo, con la misión tan grande que tienes, cómo no te dedicas en cuerpo y alma a ella. — me espetó, de primeras.

— Hay que pagar las facturas. Venir aquí no es barato, no hace falta que te lo recuerde. — fue lo primero que se me ocurrió como respuesta.

— Y que lo digas. Pero, ¿qué crees que pasará en un año si sigues como hasta ahora? — lanzó la pregunta sin titubear.

— Uffff, no sé. En un año pueden pasar muchas cosas. — respondí.

— Intenta hacer un ejercicio de abstracción, hombre. — me retó.

— Pues, supongo, si sigo como hasta ahora, tendré que cerrar mi empresa. Pero bueno, esta otra empresa en la que estoy… Soy socio, también, por cierto. Esta otra empresa, decía, va muy bien y seguro que se consigue vender por un buen dinero — dije, mientras me notaba algo triste por lo que acababa de decir.

— Ya… ¿Dinero? ¿Y qué harás con él? —

Este hombre no paraba de hacer preguntas incómodas. ¡A qué mala hora acepté su compañía! Se me estaban atragantando las alitas, la verdad.

— Pues viajar a sitios como éste. Donar algo a organizaciones que ayuden a los más desfavorecidos. Y, probablemente, empezar una empresa relacionada con la alimentación saludable, pero esta vez dedicándome al 100% a ella — dije convencido y emocionado al imaginarlo.

viajar ayudar y empezar de nuevo

— ¿En serio? — me miraba con una mezcla de sorna y sorpresa.

— ¿Sí? ¿Qué hay de malo en ello? — le respondí enfadado por su actitud.

— Nada, nada. No te enfades. Solo que me da la sensación que ya tienes lo que quieres y, sin embargo, te buscas excusas para no dedicarte a ello. No conozco a ningún empresario apasionado de su negocio al que no le vayan bien las cosas. Y, créeme, conozco a muchos. — dijo con una sonrisa, ahora un punto retadora.

— Claro, desde tu postura es muy fácil decirlo, pero cuando tienes que pagar facturas, no se ve todo así de fácil. — contesté intentando hacerle ver que no era tan fácil tomar una decisión así.

— Créeme, yo he estado ahí también. Hubo un momento que tuve que decidir y aposté por dedicarme a eso que pensaba iba a disfrutar más y que mayor impacto podría crear en la gente. — la ternura con la que me observaba ahora, mientras yo trataba de digerir todo ese torrente de ideas que me estaba lanzando, me sorprendió.

— Bueno, pues sin duda tuviste suerte y fuiste muy valiente. Te admiro por ello. — Dije, sin más, como zanjando esa conversación.

— La suerte se busca, chico, la suerte se busca. — sonrió de nuevo mientras se levantaba. — Perdona, pero mi mujer y mis hijos estarán a punto de llegar al restaurante para la cena y no querría hacerles esperar. Ha sido un placer conversar contigo y te deseo que todo te vaya muy bien.

— Igualmente — respondí, dudando si el placer había sido, efectivamente, mutuo.

Me quedé absorto mientras se empezaba a alejar aquel curioso hombre, cuando me asaltó una duda y, alzando un poco la voz para que me oyera, le dije:

— Oye, una última cosa. No me has dicho a qué se dedica tu empresa.

Se giró con una sonrisa y me respondió:

Fabricamos zumos ecológicos 😉

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El hombre en busca de sentido

25 de Septiembre de 1942. El jefe de Neurología del Hospital Rothschild de Viena camina tranquilamente con su mujer por las calles de esta ciudad. Sorpresivamente, es apresado por las SS y llevado a su casa. Es conducido a la fuerza a casa de sus padres, a los que tuvo que identificar. Todos ellos son deportados al campo de concentración de Theresienstadt. Allí, va a descubrir el sentido último de la vida.

Antes de su captura, Viktor Frankl, pues así se llamaba, había estado trabajando en una extensa publicación. Fue lo único que le dio tiempo a llevar con él: un gran volumen con todos sus escritos y estudios, que pensaba transformar en un libro. Esperaba que fuera un gran éxito.

La vida en un campo de concentración

En la primera semana en el campo de concentración, muchos de sus desafortunados compañeros de viaje fueron a parar a las cámaras de gas. Solo unos pocos elegidos tuvieron la ¿suerte? de librarse. Viktor Frankl, que así se llamaba nuestro médico y psiquiatra, se convirtió, gracias a sus conocimientos, en ayudante de la clínica. Poco después, se le asignó al pabellón psiquiátrico del campo de concentración, donde lideró el servicio a enfermos mentales. Lo que no pudo es conservar su valioso trabajo pues, nada más se lo descubrieron, se lo arrebataron y quemaron. Con burlas y humillación incluidas. Fue un duro mazazo. Años de sueños y trabajo esfumados en unos segundos…

Campo de concentración

Frankl, desde su posición de psiquiatra, empezó a observar ciertos fenómenos particulares que se daban en ese entorno tan anómalo. La brutalidad de los guardias. La de los propios prisioneros. Cómo, desprovistos de todo, de camino a un trabajo que tenían que realizar en la región de Baviera, al ver las montañas de Salzburgo, todos sintieron una inmensa felicidad al contemplar la belleza del paisaje. Pero lo que más le llamó la atención, fue un hecho que se repetía con milimétrica precisión:

“Los campos de concentración nazis dan fe de que los prisioneros más aptos para la supervivencia resultaron ser aquellos a quienes esperaba alguna persona o les apremiaba la responsabilidad de acabar una tarea o cumplir una misión”

La conclusión que extrajo


Ese hecho le hizo reflexionar sobre la capacidad del ser humano para dominar su propio destino, cualesquiera que sean las circunstancias. Y éstas, probablemente, eran de las peores que un ser humano puede experimentar.

Él lo resumía así:

“Los que estuvimos en campos de concentración recordamos a los hombres que iban de barracón en barracón consolando a los demás, dándoles el último trozo de pan que les quedaba. Puede que fueran pocos en número, pero ofrecían pruebas suficientes de que al hombre se le puede arrebatar todo salvo una cosa la última de las libertades humanas: la elección de la actitud personal ante un conjunto de circunstancias, para decidir su propio camino.”

Búsqueda del sentido

A veces, vamos por la vida maldiciendo nuestra mala suerte. Es obvio que no siempre nos salen las cosas como deseamos pero no solo a ti, a todo el mundo. Pensar que el destino te la juega constantemente, no contribuye en nada para sobreponerse a esos hechos. La vida es lo que es, una maravillosa experiencia que a veces se torna cruel. Muy cruel, incluso. Pero como nos demuestra el trabajo de Frankl, cada uno de nosotros tenemos la libertad de decidir cómo queremos responder a cada hecho que nos sucede.

“A un hombre le pueden robar todo, menos una cosa, la última de las libertades del ser humano, la elección de su propia actitud ante cualquier tipo de circunstancias, la elección del propio camino.”

¿Qué da sentido a una vida?

En tus manos está darle sentido, aun cuando todo parezca perdido. No eres la primera persona a la que los negocios no le van bien. A la que no le ha funcionado su última relación. Que ha perdido un ser muy querido. A todos nos pasa algo grave a lo largo de nuestras vidas. A mí me ha pasado y me volverá a pasar. Es la manera que tiene el universo de decirte que has de valorar lo que tienes, cuando lo tienes, y cuidarlo. Porque dar por sentado que todo es de color de rosa sin pararse a agradecerlo nunca puede llegarte a creer que mereces todo lo que tienes. Que nada malo sucede. Te hace perder la perspectiva. Y si luego llegan mal dadas, será mucho más difícil salir de ese hoyo en el que puede que te sumas.

Dar un sentido último a nuestras vidas, algo por lo que luchar en la peor de las situaciones, es lo que llenará tu espíritu y te dará fuerza. No es fácil encontrar ese algo. A mí, ciertamente, me ha costado años. Lo que sí he descubierto es que, cuanto más transciende a tu persona, más gasolina te proporciona. Dicho claro, que el sentido de tu vida sea ganar más dinero o correr más rápido puede ser una motivación. Para algunos puede bastar. Pero si lo que te mueve es algo que impacta en la vida de muchas personas, te puedo asegurar que, aunque te sobrevenga alguna fatalidad, no decaerás a largo plazo.

Sentido de la vida

“El hombre que se hace consciente de su responsabilidad ante el ser humano que le espera con todo su afecto o ante una obra inconclusa no podrá nunca tirar su vida por la borda. Conoce el “porqué” de su existencia y podrá soportar casi cualquier “cómo”.

Al final…

Viktor Frankl fue liberado en 1945 por las tropas estadounidenses. Su mujer y padres, sin embargo, fallecieron en los campos de concentración. El año siguiente, en 1946, escribió “Desde el campo de la muerte al existencialismo”. Luego traducido como “El hombre en busca de sentido”, que ha sobrevivido hasta nuestros días, convirtiéndose en libro imprescindible. Además, dio clase en la universidad de Vienna hasta los 85 años. Fue titular de diversos cursos en las universidades de Stanford y Harvard. También en las de San Diego, Dallas y Pittsburgh.

¿De qué manera puedes aplicar esta historia? ¿Crees que es una enseñanza tan valiosa como me lo ha parecido a mí?