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La importancia de estar agradecido

Esta semana he empezado un reto de 30 días de estoicismo. En el mismo, cada día hay que realizar un ejercicio concreto, inspirado en acciones y actitudes que los antiguos estoicos realizaban. Justo el de ayer trataba sobre sentirse agradecido. Si te interesa el resto, en mis stories de Instagram puedes ir viendo lo que hago cada día.

He escrito anteriormente sobre la importancia de parar durante un momento cada mañana y reflexionar sobre las cosas que agradeces en tu vida. En un post breve, te explicaré cómo funciona el “5-minute journal”, un ejercicio gracias al cual señalas 3 cosas cada día que te provocan gratitud. Cosas relacionadas con el trabajo o con tu vida personal. Tony Robbins, por ejemplo, sugiere añadir algo simple o que esté al alcance de tu vista. Un día soleado. El té que te estás tomando en ese momento.

Estar agradecido por lo bueno

Es realmente fácil estar agradecido por las cosas buenas. Que tu carrera laboral haya ido bien. Tener salud. Una casa. Ojo, no digo que no sea importante. Muchas veces vamos por la vida sin darnos cuenta lo afortunados que somos. Es importante recordarnos cada día que nuestra situación es buena. O que, como poco, podría ser mucho peor. Podrías haber perdido un ser querido. Podrías estar postrado en una cama en un hospital. Si no es el caso, no lo des por sentado. Agradece tu situación.

Pero lo que de verdad te cambia es agradecer las cosas malas también. ¿Cómo voy a agradecer una lesión? ¿Tiene algo de bueno un cáncer, te preguntarás? ¿Esperas que me alegre por un despido? Pues sí. Si quieres llegar a un nivel superior tienes que empezar a ver las cosas malas como algo positivo y estar agradecido por ellas. Como un momento de pausa, reflexión y mejora.

Estar agradecido por lo malo también

Hay una historia de Jocko Willink, ex-Navy Seal y prestigioso escritor y podcaster, que me gusta mucho.

Jocko Willink

Uno de sus subordinados se le acerca y le dice: “Jefe, tenemos este problema”. Jocko le mira y le dice: “BIEN”. Un día, un poco harto, el subordinado le dice “nos está pasando esto, pero ya sé lo que me vas a decir”. “¿Qué te voy a decir?”, le responde Jocko. “Vas a decir BIEN. Eso es lo que siempre dices. Cuando tenemos un problema, me miras y dices “BIEN”. Jocko, le mira y dice: “Pues sí. Cuando las cosas van mal, va a haber alguno bueno que extraer de ello. No te han promocionado. BIEN. Más tiempo para ser mejor. Nos han cancelado la misión. BIEN. Nos podemos centrar en otra. Te has lesionado. Te han vencido. BIEN. Has aprendido. Problemas inesperados. BIEN. Tenemos la oportunidad de encontrar una solución. Si puedes todavía decir la palabra BIEN, ¿sabes qué?, significa que sigues vivo. Que sigues respirando. Y si sigues respirando, todavía tienes fuego dentro de ti. Así que levántate. Quítate el polvo. Recárgate. Recalibra. Enchúfate y sal al ataque”.

Y todo esto lo digo porque en mi caso, me ha costado a veces reconocer todo lo bueno que han hecho mis padres por mí por creer que las cosas malas que ha habido hacían que lo bueno lo diese por sentado.

Culpar elegantemente

Tony Robbins, en el documental “No soy tu Gurú” dice: “Si vas a culpar a alguien por todo la mierda en tu vida, mejor que también les culpes por todo lo bueno. Si les vas a dar el mérito de todo lo que está jodido, entonces tienes que darles el mérito por todo lo que está genial. No digo que dejes de culpar. Digo que culpes elegantemente. Culpa inteligentemente. Culpa efectivamente. Culpa desde tu alma, no desde tu cabeza. Porque la vida no es tan simple, no es blanco y negro.”

Continúa contando su historia personal. “Mi madre me daba unas palizas enormes. Ella me amaba. Estaba muy asustada de que me fuese a ir de casa. Yo era su fuente de todo. La culpo por toda la belleza en mi vida. De tener la mujer que tengo en mi vida. Porque aprecio a mi mujer ya que sé lo que lo opuesto es. La culpo por mi capacidad de sentir y de que me importen los demás. La culpo de mi hambre insaciable para eliminar el sufrimiento de cualquier persona a la que pueda ayudar. Porque he sufrido mucho. Si ella hubiese sido la madre que yo hubiese querido, yo no sería el hombre que estoy orgulloso de ser.”

Por si lo estabas pensando, ¡no, mi madre no me daba palizas a mí!

Reconocer

Uniendo esta historia con mi vida, solo cuando vi este documental de Tony empecé a darme cuenta que tenía que estar agradecido por todo lo que me había sucedido. Lo bueno, por supuesto.

Agradecido

Lo podía dar por sentado antes, pero hoy en día estoy enormemente agradecido. He recibido una buena educación. Se me inculcó la pasión por leer, sin la cual no me habría desarrollado todo lo que me he desarrollado. Se me ha dado libertad para equivocarme, con escasos castigos. Para aprender mi camino. Y te puedo asegurar que me he caído miles de veces. Que he espabilado a base de hostias. Suspensos, accidentes, desamores, hasta una noche en el calabozo. Y siempre la respuesta fue amor incondicional y apoyo.

¡Gracias también por enseñarme lo que es el esfuerzo y el sacrificio desde una edad temprana! Empecé a trabajar con 18 años, para pagarme mis caprichos. Y mis padres me buscaron el mejor trabajo posible. Levantarme a las 5 de la mañana para coger un tren a las 6 y estar trabajando desde las 7 en una fábrica fue la mejor cura de humildad y enseñanza que un adolescente puede recibir. Aprender a no dar nada por sentado.

Estoy agradecido también por todo el dinero “invertido” en mí. Desde pagar algunos de mis viajes cuando el dinero que ganaba con mis trabajos mientras estaba en la universidad no me alcanzaba (viajaba demasiado…), hasta “prestarme” los primeros 10.000€ gracias a los cuales pude irme a vivir a Barcelona, ser socio de mi primera empresa y poder venderla luego. Siempre que he necesitado apoyo económico, he sabido que iban a estar ahí. Y están.

Agradeciendo lo malo en mi vida

Decía que es bueno agradecer las cosas positivas. Pero lo realmente importante, cuando se produjo un cambio en mi vida, fue cuando me di cuenta que todo lo malo era para estar doblemente agradecido.

A mi madre

Si no hubiese tenido esos incidentes con mi madre, no sería la persona que soy hoy. No tendría la compasión que tengo. Ni las ganas de ayudar a la gente a que supere sus traumas. No me conmovería cualquier escena de sufrimiento ni intentaría ayudar en la medida de lo posible a quien me lo pide. Ni sería capaz de empatizar con las personas a las que ayudo, a través del coaching, a cambiar sus vidas.

A mi padre

Mi padre siempre ha sido un poco maniático y perfeccionista. Si no me hubiese pegado eso, seguramente habría sufrido menos cuando las cosas no eran perfectas. Habría actuado más porque me habría paralizado menos la sensación de que algo que no estaba perfecto todavía no se podía lanzar o no se podía enseñar. Pero también habría dejado de aprender mucho antes. Me habría conformado más. No habría buscado llegar al límite y luego superarlo.

También me hizo sufrir mucho cuando le pregunté si era feliz y me respondió con una evasiva. No podía entender cómo alguien no era feliz, con todo lo que teníamos. Me producía tristeza y hasta llegué a pensar que no era feliz por mi culpa (las mentes de los niños son terribles…). Pero eso me ha servido para obsesionarme, literalmente, con buscar la felicidad. Entender cómo funciona y cómo son las personas felices. A qué se dedican. Averiguar cómo encontrar tu pasión. Estoy agradecido porque sin ese incidente, no habría emprendido ningún proyecto. No habría rechazado la comodidad de un buen sueldo y tener una empresa por la persecución de algo que, de verdad, me inspirase y apasionase.

Solo agradeciendo puedes dejar de culpar. Y cuando dejas de culpar, todo cambia. En mi caso cambió cuando, en vez de buscar culpables, aprendí a reconocer y estar agradecido por todo lo que me ha sucedido en la vida, bueno y malo. Solo en ese momento, comprendí que todas las cosas por las que he pasado me han servido para ser la persona que soy.

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Estoicismo y cómo puede mejorar tu vida

Siendo este un blog de propósitos, hábitos y cómo dedicarte a lo que te apasiona, quizá suene extraño que vaya a hablar de filosofía. En concreto, de estoicismo. Pero si sigues leyendo entenderás por qué es algo extremadamente importante. Y está directamente relacionado con nuestro progreso en la vida y el trabajo para conseguir nuestras metas.

En mi último post, cuando hablaba de meditación mencionaba de pasada un libro, “The Obstacle is the Way” de Ryan Holiday, sobre el que voy a profundizar aquí. Si no leíste ese post, te recomiendo que lo hagas. Creo que una persona que dedica tiempo a meditar, a la vez que profundiza en las enseñanzas de los estoicos, puede alcanzar un dominio sobre su mente y sus actos tal que le permitan lograr sus propósitos y llegar, si no a una felicidad plena, a un estado bastante cercano.

¿Por qué hablo sobre filosofía y estoicismo?

Decía Thoreau que “ser un filósofo no es simplemente tener pensamientos ingeniosos, no es siquiera fundar una escuela… es resolver algunos de los problemas de la vida, no solo teóricamente, sino prácticamente.”

El estoicismo es la corriente filosófica más práctica de todas y ha sido seguida, desde que fue fundada por Zenón de Citio alrededor del 300ac, por miles de personalidades. Catón, Epicteto, Séneca o Marco Aurelio, por ejemplo. Pero también el recientemente fallecido senador John McCain por usar un ejemplo actual.

John McCain fue capturado por el Vietcong y torturado. Le ofrecieron ser liberado y volver a casa, con la intención de que ese hecho manchase su reputación y la de toda su familia y supusiese una humillación para Estados Unidos. Pero McCain la rechazó y prefirió ser torturado. Lo hizo, no solo por eso, sino porque en su rango de oficial, entendió que era la manera de dar ejemplo y ayudar a sus compañeros.

En la raíz de esta corriente de pensamiento hay una manera muy simple de vivir, que no fácil. Asume los obstáculos en tu vida y conviértelos en ventajas, controla lo que puedes controlar y acepta lo que no. Así resume Ryan Holiday, el autor mencionado al principio, lo que significa esta corriente en su primera lección de Daily Stoic, una newsletter con lecciones diarias que te recomiendo seguir si quieres aprender más.

Estoicismo

Convertir las adversidades en nuestra ventaja

Pero, ¿cómo se consigue convertir las adversidades en algo que juegue a nuestro favor? ¿Cómo no tener en cuenta las desdichas que nos suceden o que, al menos, no nos impidan seguir avanzando?

Si seguimos los ejemplos de aquellos ‘rara avis’ que, no solo tenían lo necesario, sino que encima disfrutaban y mejoraban con cada contratiempo, podemos encontrar la respuesta. Estas personas son conscientes de que las adversidades los hacían mejores de lo que habrían sido sin ellas.

En “The Obstacle is The Way”, Holiday señala que para superar los obstáculos se requiere entender y dominar tres disciplinas. Las tres están interconectadas y son contingentes: Percepción, Acción y Voluntad. A continuación te explicaré cómo propone conseguirlo.

Toda superación de un obstáculo, comienza por cómo lo vemos y cómo lo percibimos. Después, siguen nuestras acciones para convertir ese aparente impedimento en una oportunidad. Finalmente, cultivando una voluntad interior podemos soportar cualquier dificultad o derrota temporal.

La disciplina de la Percepción

John D. Rockefeller empezó a trabajar en Cleveland como contable con 16 años. Como aspiraba a ser inversor, ahorraba concienzudamente gran parte de los 50 centavos al día que ganaba. Dos años después, una de las peores crisis financieras conocidas hasta entonces, la de 1857, sacudió Cleveland especialmente fuerte. Rockefeller, un jovencillo, podría haberse asustado. Podría haber decidido buscar otra profesión más segura. En vez de eso, decidió mantener la cabeza fría, aunque estuviese perdiendo hasta la camisa. Comprobó, además, que el resto de gente no solo perdía dinero sino también la cabeza y tomaba decisiones estúpidas. Esa valiosa y temprana lección, la aplicó luego cuando sus negocios crecían de manera exponencial. Durante las sucesivas crisis que se dieron aprovechó para ampliar sus empresas.

Como señala Ryan Holiday:

“Vas a encontrar obstáculos en tu vida – justos e injustos. Y vas a descubrir, una y otra vez, que lo que importa no son los obstáculos en sí, sino cómo los vemos, cómo reaccionamos ante ellos y si mantenemos la calma. Aprenderás que esta reacción determinará lo capaz que serás de superarlos. O, incluso, de progresar y crecer gracias a ellos. Donde una persona ve una crisis, otra puede ver una oportunidad. Donde una está cegada por el éxito, otra ve la realidad con inflexible objetividad. Donde una pierde el control de sus emociones, otra puede mantenerse en calma. Desesperación, desesperanza, miedo, impotencia; estas reacciones dependen de nuestra percepción. Tienes que darte cuenta: Nada nos hace sentirnos de esa manera; elegimos sucumbir a esos sentimientos. O, como Rockefeller, no sucumbir.”

La disciplina de la percepción, para mí, se resume en la famosa plegaria de la Serenidad:

“Señor, concédeme serenidad para aceptar todo aquello que no puedo cambiar, fortaleza para cambiar lo que soy capaz de cambiar y sabiduría para entender la diferencia.”

Accion

La disciplina de la Acción

No había mucha evidencia para afirmar que Demóstenes se iba a convertir en el orador más grande de Atenas, incluso de la historia. Nació débil, enfermo y con problemas para hablar. A los 7 años perdió a su padre.  Sus tutores robaron su cuantiosa herencia y no pudo disfrutar de una correcta educación, como estaba previsto. Desprovisto de todo, injustamente, Demóstenes decidió no abandonarse. En su mente, tenía la imagen de un potente orador ateniense que era capaz de cautivar a todo el mundo con sus palabras.

Empujado por esa visión, empezó a practicar extraños ejercicios. Se metía piedras en la boca y practicaba hablar en público con ellas. Ensayaba en días de mucho viento o mientras subía colinas empinadas. Aprendió a dar discursos enteros con una sola respiración. Se rapó la mitad de la cabeza para que le diese vergüenza salir de casa y así seguir practicando.

Todo esto lo hizo para, cuando consideró que había alcanzado un nivel óptimo, pelear ante un tribunal contra quienes le habían robado. Ganó el juicio, aunque recuperó solo una pequeña parte de su fortuna. Pero lo más importante, consiguió el respeto de sus conciudadanos. Cada discurso que daba era seguido con atención. Así, se convirtió en la voz de Atenas y su principal consejero.

Una vez le preguntaron cuáles son los tres rasgos más importantes de un orador y él respondió: “Acción, acción, acción”.

“En la vida, todos nos hemos encontrado con problemas. Hemos podido definir acciones y soluciones. Pero, pasado un tiempo, el problema sigue ahí. Incluso peor todavía. Como si pensáramos que pudiese desaparecer por sí mismo. Todos lo hemos hecho: nos decimos ‘estoy tan cansado, abrumado, ocupado, estresado’ ¿Y qué hacemos al respecto? ”.

Hay gente que decide pasar a la acción

Pero hay gente que convierte toda esa mierda en algo grande. Muchos ejemplos de ello. Ya tengan discapacidades físicas, sea por discriminación racial, o sean peleas desiguales. La historia está llena de ejemplos de personas que, sin importar la condición previa de la que partían, decidieron desafiar las probabilidades y pasar a la acción.

No estoy diciendo que no te puedas quejar. Que no puedas maldecir tu suerte o pensar que lo que te sucede es una putada. Por supuesto que puedes. Simplemente, no dediques más tiempo del necesario a ello. Reconoce lo que te sucede y vuelve a trabajar para superarlo. Porque cada obstáculo que superas te hace más fuerte y más capaz de superar los siguientes.

Nadie va a venir a salvarte. Si quieres llegar donde te has propuesto, donde sueñas, solo hay un camino. “Enfrentarse a los problemas con las acciones correctas”.

Voluntad

La disciplina de la Voluntad

“¿Qué es la voluntad? La voluntad es nuestro poder interior, que nunca puede ser afectado por el mundo exterior. Es nuestro as en la manga. Tenemos que prepararnos para la adversidad y la confusión. Tenemos que aprender el arte de la aquiescencia y ser alegres incluso en los momentos más oscuros. La voluntad verdadera se basa en humildad, resiliencia y flexibilidad.”

Si hay tres cosas que se pueden destacar de esta última disciplina, son las siguientes: el arte de la aquiescencia, ser perseverante y meditar sobre tu propia mortalidad.

El Arte de la Aquiescencia

Cuando Phil Jackson, uno de los mejores entrenadores de la NBA, tuvo que operarse de una lesión crónica en la cadera. Esta operación limitó sus movimientos a lo largo de la banda y las indicaciones que daba a sus jugadores. En su lugar, tuvo que pasar la mayor parte del tiempo sentado en el banquillo. Esta lesión, al principio, pensó que disminuiría sus dotes de liderazgo y su capacidad como entrenador. En realidad, sentarse en el banquillo le dio más autoridad. Descubrió cómo hacerse oír, sin ser tan dominante y controlador como había sido en el pasado.

“Pero, para poder disfrutar de estos beneficios inesperados, tenemos que ser capaces de aceptar los costes inesperados también. Por desgracia, muchas veces somos demasiado codiciosos como para hacer esto. Pensamos cuánto mejor podría ser una determinada situación. Rara vez nos paramos a pensar lo mala que todavía podría ser.

Porque, no lo olvides, las cosas siempre pueden ser peores. Sin querer ser simple, la siguiente vez que pierdas dinero, recuerda que podrías haber perdido un amigo. Cuando pierdas un trabajo, piensa que podrías haber perdido una extremidad. Si te han quitado la casa, podría haber sido peor y podrías haber perdido todo.

Y, sin embargo, nos quejamos de lo que no tenemos o lo que hemos perdido. No podemos apreciar lo que tenemos.”

Perseverancia

Cuando la vida nos pone un problema delante y somos capaces de superarlo, se podría decir que hemos actuado con persistencia. No nos hemos dejado estar, hemos trabajado duro. Sin embargo, como dice un proverbio Haitiano, ‘detrás de las montañas, hay más montañas’. Nuevos obstáculos vendrán y hace falta lo que Holiday describe como “lo que sucede no solo en el primer asalto, sino en el segundo y en los sucesivos asaltos. En la pelea después de esa pelea. Y luego en la pelea posterior.”

“Lo bueno de la perseverancia es que no puede ser frenado por nada aparte de la muerte. Nuestras acciones pueden ser restringidas, pero nuestra voluntad no. Nuestros planes, incluso nuestros cuerpos, pueden fallar. ¿pero creer en nosotros mismos? No importa cuántas veces nos rechacen, cuánto retrocedamos, conservamos el poder de decidir intentarlo una vez más. O intentar un camino distinto. O, como mínimo, aceptar esa realidad y buscar una meta diferente. La determinación, si te paras a pensarlo, es invencible.”

Memento mori

Ya escribí un post dedicado a este punto, pero está bien recordarlo como un componente más a la hora de forjar tu voluntad superior. Cuando hablo sobre la muerte y tenerla presente, la gente prefiere que cambie de tema. Es mejor no pensar en ella, como si nunca fuese a suceder. Tratamos de olvidar cómo de frágil y cambiante es la vida.

Pero reflexionar sobre la muerte y tenerla presente no es algo malo y tétrico. Debería crear una perspectiva real de lo que somos y una sensación de urgencia por conseguir lo que queremos en la vida. Por ser el tipo de personas que deseamos ser. No pensar que habrá tiempo para hacerlo más adelante. Sentirnos empujados a actuar ya. No tiene que deprimirnos. Tiene que darnos más fuerzas.

Como dice Steve Jobs: ‘Recordar cada día que vas a morir es la mejor manera que conozco de evitar la trampa de pensar que tienes algo que perder. Ya estás desnudo. No hay ninguna razón para que no escuches y sigues a tu corazón’.

Conclusión

En definitiva, esta guía resumida de disciplinas que tienes que conquistar y que Ryan Holiday explica mucho más en detalle y con más ejemplos históricos en su libro (por si no había quedado claro, recomiendo mucho su lectura), puede ser la manera moderna de acercarnos al estoicismo. De dominarnos a nosotros mismos y, gracias a ello, conseguir lo que nos propongamos.

Es un trabajo que dura toda una vida, pero tener a tu lado la compañía y enseñanzas de gente que lo ha logrado, para poder guiarte en los momentos más difíciles y no perder la cabeza cuando todo venga de cara, ayuda mucho.

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La historia de Medio Hombre y la Perseverancia (Parte 1)

La perseverancia es una de las cualidades menos comunes y siempre presente en todos los personajes que, de alguna manera u otra, han conseguido figurar en los libros de historia. No es ajeno a ella Blas de Lezo.

Mucho se han narrado sus victorias, sobre todo en los últimos tiempos. En este post, quiero darle un enfoque distinto para analizar mejor a la persona y su manera de pensar y actuar. Pero antes de poder desarrollar la perseverancia, una persona tiene que conocer y aprender otras disciplinas.

La perseverancia

La importancia de la percepción

Ryan Holiday tiene un espectacular libro llamado “El obstáculo es el camino” en el que analiza las tres disciplinas que toda persona debería dominar si aspira a ser la mejor versión de sí mismo. La primera de ellas es la disciplina de la percepción.

La percepción es la historia que uno se cuenta a sí mismo sobre un hecho objetivo concreto. ¿A qué me refiero? Una situación, siempre tiene dos puntos de vista. Lo que es, que es innegable y sería visto por todo el mundo de la misma manera. Por ejemplo, el tráfico cuando entras en el centro de tu ciudad. Si una persona lo observa de fuera, ve que hay tráfico. La persona que está en el coche una hora intentando llegar a su casa, califica esta situación de igual forma. Ahora bien, la transeúnte que no está inmerso en la cola de coches, puede opinar que es un caos, pero no le afecta lo más mínimo. Mientras que el conductor puede estar atacado de los nervios. Esa es la parte subjetiva del hecho y está totalmente creada en nuestra mente.

Controlar las emociones

Sirva este pequeño ejemplo para ilustrar la primera de las virtudes de Blas de Lezo y es la de dominar su mente para ser capaz de alterar su percepción y dominar sus impulsos. Cuando tenía solo 15 años, participó en la batalla de Vélez-Málaga. Al poco de comenzar la contienda, tuvo la mala fortuna de recibir un impacto de bala de cañón en su pierna izquierda.

Las crónicas de la época narran que se le amputó la pierna por debajo de la rodilla, sin anestesia, y que el joven guardiamarina ni se quejó durante la operación. Una de las cualidades de la disciplina de la percepción es ser capaz de controlar las emociones, y a fe cierta que Blas de Lezo fue capaz, durante toda su vida y empezando a temprana edad. Posteriormente, perdería un ojo en la defensa de Tolón y el antebrazo derecho en otro de los muchos combates navales que libró.

Pasar a la acción

Evidentemente, a Blas de Lezo no le dieron unas buenas cartas con las que jugar a lo largo de su vida. Pero, ¿qué hizo él? ¿Pasó? Ni mucho menos. Decidió jugar con lo que tenía. Y este es la segunda disciplina que menciona Holiday,  y que también nuestro marino, ya convertido en capitán, dominaba: la acción.

Fruto de su actuación en la batalla de Vélez anteriormente mencionada, se le ofreció ser asistente de Cámara de Felipe V, puesto que rechazó. Habría sido la opción fácil, dadas sus circunstancias. Viniendo de familia de marinos, él aspiraba a convertirse en comandante.

Pese a los impedimentos (manco, tuerto, cojo), no permitió en ningún momento que eso le frenase. En 1712, se le nombró ya capitán de navío, gracias a las menciones favorables del Almirante Andrés de Pes. Participó en el asedio a Barcelona, asedio de Mallorca, escolta a barcos mercantes que iban a las Américas y también en el combate de la piratería y el corso en las aguas del Atlántico y el Caribe.

Pasar a la acción

Lanza la ofensiva

Allí fue donde su carrera comienza a ser noticiable y valorada por sus superiores.  Fue nombrado General de la Armada de Su católica Majestad y Jefe de la Escuadra de los Mares del Sur en 1723. Al principio, era una pequeña flota.

Con esa pequeña escuadra, formada por tres navíos, se lanza a patrullar el Pacífico. Pronto se encontrarán con cinco navíos holandeses mejor artillados. Lezo ordena enfilar la proa hacia el enemigo para abordarlo. Éste reacciona organizadamente y frustra su intento. El marino español responde ágilmente ordenando concentrar el fuego contra la mayor embarcación enemiga, el Vlissingen (58 cañones). Tal fue el castigo que consiguió derribarle el palo mayor. Gracias a ello consiguió que se rindiese y puso en fuga al resto de la flota. En otra salida posterior se lanzaría sobre seis navíos de guerra ingleses rindiendo a todos ellos, uniendo tres a su escuadra.

Canaliza la energía

Así, Lezo consiguió formar una armada más que suficiente para proteger las costas peruanas. Sin embargo, el nuevo Virrey, que había tomado posesión de su cargo hacía dos años, la desguazó e intentó colocar en la armada a amigos y familiares. Esto provocó el enfrentamiento con Lezo. En ese momento, podía haber optado por quedarse como estaba, pero inconformista y hombre de acción como era, decidió solicitar su retirada temporal.

“Toda persona puede amoldarse y adaptarse. La mente se amolda y convierte para los propios propósitos el obstáculo a la acción. El impedimento a la acción, promueve la acción. Lo que se interpone en el camino, se convierte en el camino”. Cita Ryan Holiday esta frase atribuida a Marco Aurelio y que aplica a Lezo a la perfección.

Visto que el enfrentamiento con el Virrey tenía mala pinta, volvió a España. Consiguió, tras un tiempo inactivo, que se le nombrase jefe de la escuadra Naval del Mediterráneo. Allí lideró la recuperación de dos millones de pesos que adeudaba Génova, entrando en el puerto de la ciudad con 6 buques. Apuntó al palacio ducal y amenazó con disparar si, pasadas 24 horas, no había recibido el dinero. Lo recibió y entrego a quien era debido.

También comandó la flota que socorrió a la ciudad de Orán. Pese al acoso de nueve galeras argelinas, fue capaz de abastecer a la guarnición y lograr que las galeras se retirasen. No contento con ello, decidió perseguirlas. Localizó a la nave capitana, que rauda navegó buscando refugio en la bahía de Mostagán. Pero Lezo no se arredró. Entró en la bahía tras la nave argelina despreciando el fuego de los fuertes. Logró poner en fuga una galeaza que surgió inesperadamente para auxiliar a la galera. Abordó ésta, la incendió y, a continuación, destruyó los castillos.

Descubre la perseverancia de Medio Hombre

Parece de película la historia de Blas de Lezo y las enseñanzas estoicas que transmite, ¿no? Pues la semana que viene conocerás el final, todavía más sorprendente y didáctico. Con perseverancia, se pueden conseguir grandes cosas, aún en circunstancias muy desfavorables.

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La muerte como herramienta

Elizabeth Kubler-Ross, una escritora, profesora y conferenciante, fue una de las mayores expertas mundiales en la muerte y las personas moribundas.

Habiendo tratado con miles de enfermos terminales, contaba que uno de los hechos comunes a todos ellos era que, cuando se les cuestionaba sobre si se arrepentían de algo de lo que habían hecho en su vida, muy pocos contestaban que sí. Sin embargo, la mayoría se arrepentía de cosas que no había llegado a hacer y que le hubiera gustado.

Emprender un negocio, haberse declarado a una persona, haber solucionado la relación con un hijo… La lista de arrepentimientos era larga y casi siempre tenía que ver con temas que no habían cerrado esas personas antes de morir.

Muerte

Reflexiones sobre la muerte

Durante mucho tiempo he leído y reflexionado sobre la muerte y la importancia de tenerla presente en la vida diaria. Es la manera más poderosa que conozco de quitarle peso a las cosas que te suceden y de perder el miedo a las opiniones de los demás o a pasar a la acción. Muy pocas cosas que nos pueden preocupar en nuestro día a día siguen siendo de verdad importantes cuando se les pasa el filtro de la muerte por encima.

Frente a cualquier adversidad, intenta pensar, “¿si solo te quedase una semana de vida, estarías dándole vueltas a ese tema, dejando que inundase de preocupación tu cerebro?” La respuesta, en casi todos los casos, es que no. Que harías una lista de las cosas que quieres hacer en esos días y dejarías poco o nulo espacio para cualquier cosa que no fuera disfrutar de instantes con la gente que amas o decir aquellas cosas que no te atrevías a decir.

Es muy importante que hagáis lo que de verdad os importe… Sólo así podréis bendecir la vida cuando la muerte esté cerca.

Memento mori

Vivir la vida teniendo presente que en cualquier momento una enfermedad o un accidente lo pueden cambiar todo, es la mejor manera que conozco para no preocuparse por cosas que no son importantes, relativizar cualquier bache que puedas tener y nunca dejar de intentar algo que te apetezca hacer.

Tu tiempo en este mundo es limitado. Vivir la vida pensando que nada te va a suceder o que siempre tendrás un momento para dedicarte a aquello que quieres es una equivocación muy grande. Me parece muy ingenuo o poco reflexionado.

Eres joven; pero ¿eso qué importa? No hay un número fijo de años que vivimos. No sabes dónde te espera la muerte; estáte preparado siempre.

Obviamente, recordar que vas a morir en algún momento no tiene que ser algo que te obsesione. Simplemente, debes usarlo como herramienta para recordar que no tienes tiempo que perder, que cada acción que haces debería ser pasada bajo la lupa de lo fugaz de la vida.

Memento mori

Arriésgate

Deberías arriesgarte y trabajar duro mientras estás sano y eres todavía joven. Es un tiempo ideal para experimentar. Aunque hay casos de gente de éxito que empezó a edad avanzada, lo más probable es que las responsabilidades de tu vida muy adulta pesen más que tus ganas de probar cosas nuevas. No esperes el momento perfecto para intentarlo, porque seguramente siempre encuentres una excusa.

Steve Jobs decía que “nadie quiere morir. Ni siquiera aquellos que quieren ir al cielo quieren morir para llegar allí. Y, sin embargo, la muerte es el destino que todos compartimos. Nadie escapa a ella y así debe ser, porque seguramente la muerte sea la mejor invención de la vida. Es el agente de cambio. Limpia lo viejo para dar paso a lo nuevo”. Solo asegúrate que cuando a ti te llegue el tiempo de ser “lo viejo”, no mires atrás y digas… “me arrepiento de no haberlo intentado”.

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Ha habido y hay fracaso en mi vida

Hoy quiero hablarte del fracaso. Muchas veces tengo los posts preparados con antelación. Normalmente, el fin de semana de antes escribo uno o dos posts. Así, tengo tiempo de sobra para acabar de editarlos durante la semana, añadir las imágenes y fotos, y que estén listos para el Jueves.

Este fin de semana, sin embargo, han sido Fallas y, si eres fallero, como yo, son unos días complicados. Mucho evento, poco dormir y nada de tiempo libre. Si encima las resacas han sido compañeras de viaje, todavía peor, pues inicias la semana tocado.

Así que voy a hacer un post improvisado. No es que no haya estado pensando sobre él. Ya ves que lo primero que he dicho es que voy a hablar del fracaso. Eso lo tengo claro. Solo que lo escribo minutos antes de publicarlo, sin saber bien qué saldrá. Espero transmitir bien lo que me ha rondado la cabeza estos días.

Como decía, soy fallero. Llevo más de 15 años perteneciendo a la misma Falla (una especie de Asociación donde todos se juntan cada año para celebrar la fiesta, con su carpa donde se come, cena, bebe y baila). Por tanto, ya son unos años conociendo a toda la gente. Al final, entablas amistades, comentas azares de la vida. Y te sigues en redes sociales. Que es lo que importa para lo que aquí voy a contar.

No dejes que las redes sociales te enmascaren la realidad

He recibido felicitaciones por vender mi empresa, o por mi post sobre el encuentro revelador que “tuve”. Este último, por cierto, creo que es el que más ha gustado, incluido a mí, de todo lo que he escrito. Si no lo has leído, te recomiendo lo hagas. Además de recibir felicitaciones sobre lo que he escrito o sobre lo que cuento que me ha pasado en mi vida, también algunas personas me han dicho lo bonito y divertido que debe de ser dedicarse a lo que uno le apasiona. Incluso, “qué envidia de vida”, me han llegado a decir.

Puedes pensar, si has leído mis últimos posts, que he trabajado muy duro para conseguir lo que he conseguido. Y puede que sólo el pensamiento de esa dificultad te impida a ti avanzar en la dirección correcta. Pero no quiero que mi blog suene como una apología de todo lo que me lo he currado para conseguir lo que he conseguido. No. Porque no lo es.Todo lo contrario. Yo mejor que nadie sé que he tenido más de suerte que de trabajo. Más de estar en el sitio oportuno en el momento oportuno que de echarles horas y horas. Más de saber jugar mis cartas, que de tener múltiples partidas abiertas.

Haz del fracaso tu mejor aliado

No ha sido un camino fácil

Quiero que suene como lo que ha sido. Un camino difícil. Y un camino que sigue siendo difícil. Muchas veces las redes sociales o los blogs pueden engañar. La gente solo quiere transmitir cosas positivas. Y, a veces, está bien, pero los receptores de esos mensajes no podemos caer en la tentación de pensar que eso es lo único que existe. Que nuestro sufrimiento, nuestra desdicha, aunque sean temporales, solo nos pasan a nosotros. Ni mucho menos.

Por mucho que suene así, nada es solo fácil y bonito

Como health coach, uno de los momentos clave en una relación con un cliente es el momento en que éste se abre y cuenta algo que no contaría ni a su mejor amigo. Si he hecho bien mi trabajo, desde una perspectiva de no juzgar a la persona, tener compasión y hacerle ver que todos estamos pasando por algo, siempre llega ese momento. Por eso, me puedo permitir escribir este post en el que contarte que no todo es tan fácil como parece, ni tan bonito. Lo sé por las experiencias de otros, pero también por la mía propia.

Ojo, yo soy el primero que opina que la vida es maravillosa. No va de ser pesimista este post. Va de saber que hay momentos malos también. Momentos en los que no te salen las cosas. A todos nos pasa. Y esos momentos son únicos y dolorosos, sean del tipo que sean. Pero no debes dejar que éstos dominen tu vida.

Antes decía que he tenido suerte y he sabido estar en el momento oportuno. ¿Sabes una cosa que no me voy a negar haber puesto yo de mi parte? Siempre levantarme. ¿Quieres conocer que he considerado yo fracaso a nivel personal?

Cualquier fracaso personal nos marca. Estos son algunos de los míos.

  • No haber sido seleccionado para la Selección Valenciana de Balonmano
  • Repetir curso en el colegio
  • Haber sido rechazado para ir a ESADE
  • Acabar la universidad en 7 años (una carrera de 5 y fácil)
  • No saber durante muchos años a qué dedicar mi vida
  • Haberme costado dejar de fumar
  • No haber hecho carreras a las que me había apuntado, por estar lesionado, por no haber entrenado bien
  • No haber hecho crecer mi empresa lo que debería
  • Costarme controlar mi relación con el alcohol
  • Abandonar mi pasión por la tranquilidad de una empresa más segura
  • Haber iniciado un blog y haberlo abandonado al mes

Pero, ¿sabes también qué? No me importa cuántas veces me haya fallado a mí mismo. Cuántas decepciones me haya llevado. Cuántas veces haya pensado “qué fracaso”. O haya trabajado menos de lo que necesitaba. Llegado tarde a un deadline importe. No entregado un trabajo a tiempo en la universidad. Suspendido asignaturas. Comido mal. Bebido y fumado. Percibido las dudas de otros en mi valía. Notado mis propias dudas sobre si podría acabar tal o cual carrera. Podría seguir. Pero creo que ya lo entiendes.

Siempre hay que levantarse

No importa cuántas veces haya podido caer. Una cosa que, por suerte, está en mi espíritu es que siempre me levanto. Puedo pasar uno, dos, tres días, deprimido o bajo de moral después de haber traicionado lo que quiero ser, pero al cuarto, pienso que ya está bien de compadecerse. Ya está bien de llorar y de lamentarse. El pasado, pasado está y solo nos queda luchar por cambiar el presente y el futuro. Suena a tópico, pero no tengo derecho a estar así.

Esta semana la empecé leyendo un libro del Dr. Gabor Maté sobre adicciones. Si te interesa el tema, en este magnífico podcast de Tim Ferriss tienes más información. El caso es que leyendo el libro, donde se narran historias espeluznantes que la gente vive, relacionadas con las adicciones, me doy cuenta que no puedo ser más afortunado. No sé cómo podría vivir yo una situación así. Por eso mismo, nunca voy a dejar de levantarme con esos pequeños reveses de la vida. Si me dejo vencer por, lo que visto en perspectiva, son nimiedades, ¿cómo voy a soportar cuando lleguen los momentos duros de verdad?

Por eso, cuando leas cualquier cosa que escriba, quiero que no solo te quedes con lo bonito que suena y lo genial que sería tener eso en tu vida. Piensa también que detrás ha habido sufrimiento, ha habido lucha, ha habido incertidumbre. Y, precisamente por eso, es más bello todo, tiene más significado. Piensa, cuándo estés iniciando tu propio camino hasta descubrir tu pasión, cuando sientas que no puedes alcanzar tal o cual meta, que todos pasamos por baches. Levantarse es la diferencia entre los que lo conseguimos y los que dejan que esos baches les hundan.